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Hoy me contaron mi otra vida...

Esto transcurre en Italia, en la época de da Vinci (siglo 12), vos eras la hija del panadero, tenías una enfermedad que no te dejaba salir al sol: te faltaba clorofila en la piel y por eso tu papá te tenía dentro. Yo trabajaba en un campo de trigo, iba con una carreta a venderle harina a tu papá (el panadero) y una vez, mientras bajaba una bolsa, te vi… A través de una puerta entreabierta, y me saludaste tímidamente. Desde ese día en adelante no había dejado de pensar en vos, de imaginarte, imaginar tu voz, tus ojos, tu sonrisa, solo tenía esa imagen pobre y borrosa, pero me había prometido a mi mismo, la próxima vez que vaya a la panadería iba a preguntarle a tu papá por vos. Es así que pasó 1 mes y ese día llegó, llegó ansioso y le preguntó a tu papá, él me dijo que te habías ido a Roma a ver a un importante doctor para tratar tu enfermedad y que era probable que no volvieras, entonces muy triste me resigné. Así pasaron los años y secretamente ahorraba un poco cada día para poder ir a roma. Cuando cumplí los 25 puede juntar el dinero suficiente, me despedí de mis padres y me largué a roma a buscarte. Desde aquel día de la puerta no había dejado de pensar en vos y dentro de mí sabía que a vos te pasaba lo mismo, solo sabía tu nombre, Florencia. Tu padre te había nombrado así porque naciste en la ciudad que lleva ese nombre: Florencia. La flor más hermosa de toda Europa, eras mi flor hermosa, al llegar a Roma estaba perdido, solo, conocía poco y gracias a las casualidades inexistentes de la vida, pasaste frente a mí en un coche, acompañada de tu madre. Te seguí y pude averiguar que te hospedabas en un hotel cercano a la plaza de Titus. Así pasaron 2 días, 3, 4, todas las mañanas iba a la puerta, te veía salir pero no me animaba hablarte. Por lo que pude ver, habías sanado de tu enfermedad, y estabas estudiando en una universidad cercana. Al 5to día de mi llegada, me armé de valor, compré un ramo de flores en la plaza y me dispuse a esperarte, pero cuando te vi salir del hotel, no estabas sola, estabas acompañada de un hombre, entonces mi mundo se vino abajo pero algo dentro mío me dijo "si no le confieso lo que siento por ella, jamás voy a ser feliz con otra persona", entonces me armé nuevamente de coraje, te interrumpí antes de que subas al carruaje y te confesé de manera abrupta todo lo que sentía, pero no me reconociste, me trataste de loco y subiste… Triste me quedé en la acera contigua al hotel, pero luego de recorrer unos metros tu carruaje se frenó, te bajaste y me preguntaste "¿eras tu aquel niño al que mi padre compraba harina?", alegre respondí que sí, noté algo en tus ojos, entonces también me confesaste que en aquel entonces, cada vez que yo llegaba con el trigo, vos me veías desde una ventana superior de tu casa sin que yo lo supiese. Así pasaron las semanas en Roma, nos veíamos a la noche, caminábamos en la oscuridad, nos reíamos juntos, recuerdo que lo más hermoso era oírte reír, eras para mí como 100 soles juntos, me iluminabas con una sola de tus sonrisas, fue así como empecé amarte con locura y a vos te pasó lo mismo. Sabíamos que estaba mal lo que hacíamos, vos tenías novio, pero él no te quería, ni vos a él, era solo fingido, estaba escrito que yo era tu amor y vos el mío. Es así que una noche nos descubrieron, yo fui a la cárcel y a vos te enviaron de regreso con tu padre, durante años nos separamos, una noche en mi celda mirando la luna entre los barrotes, creí oír tu vos, era tu voz, venias a liberarme en silencio, cubiertos por la oscuridad de Roma, nos fugamos, nos fugamos a Florencia. Viviríamos como campesinos, cultivaríamos nuestro alimente pero que importaba si estabas conmigo. Fueron los 4 años mas felices de nuestras vidas, recorríamos las praderas, dormíamos bajo las estrellas, pero en un invierno, un duro invierno, caíste enferma y los doctores dijeron que no podían hacer nada. Así esperamos, en silencio, en nuestra casa, esperamos lo peor y vos tendida en tu lecho final, me dijiste “no quiero verte llorar, quiero verte reír, quiero que cada vez que pienses en mí, se dibuje una sonrisa en tu rostro, sientas cosquillas en tu pecho, porque nos volveremos a encontrar. Es solo una despedida temporal, porque te amo y porque te amo sé que nos vamos a encontrar”. Así tus ojos se cerraron lentamente y tu rostro descansó en paz. Luego de tu deceso me quedé viviendo solo en la casa unos cuantos años más. Todas las mañanas visitaba tu tumba, todas las mañanas pensaba en vos, se me dibujaba una sonrisa en el rostro y sentía cosquillas en el pecho… En la noche de mi muerte me juré a mi mismo, que si te volvía a encontrar, no dejaría pasar la oportunidad, y sabía que te reconocería. Porque solo el amor tiene la suficiente fuerza para vencer a la muerte.

THE END

SareN


3 comentarios:

Pumi dijo...

es muy lindo :F
te adoro atulinda :)

SareN dijo...

Era siglo 15 la epoca de davinci

Florencia dijo...

aaaaaaaaaaaaai (L)
que linda historia
me llamo florencia :(
quiero que me pase eso :(

TE AAAAAAAAAAMO ATITA :)